Y Marx no tenía internet

1. Presentación
El presente ensayo es como todo esfuerzo racional, un riesgo y una apuesta, lo primero por que debemos reconocer que podemos estar totalmente equivocados en los planteamientos expuestos- la certeza absoluta es más soberbia que vocación de conocimiento- lo segundo por que creemos en lo que aquí analizamos, ya que parte de un aproximación seria por reinterpretar algunos de los postulados centrales del marxismo a la luz de la globalización y el papel de la comunicación en esta realidad. Nuestra hipótesis de trabajo parte de la idea de que Marx se equivocó en sus tesis sobre el futuro de los medios de comunicación y su relación con los que el denominaba "poderes hegemónicos" por que simplemente, no tenía internet y no pudo imaginar el aporte de esta herramienta como factor de descentralización de los medios de producción y de apoyo a los poderes periféricos.
En si el trabajo hace una revisión crítica del marxismo, y sus postulados respecto a la comunicación en el marco del fenómeno que conocemos como globalización, poniendo especial énfasis en analizar la teoría de la acumulación de capital, y su supuesto consecuentes: La generación de poderes hegemónicos centrales que involucran principalmente a los medios masivos de comunicación.
Esperamos que esta apuesta, en un sentido dialéctico produzca nuevos además de afortunados, riesgos.
2. Marxismo y globalización
2.1. Los poderes Centrales
Hablar de marxismo, comunicación y globalización pareciera encerrar una gran paradoja, pero no es así, los planteamientos del marxismo en relación a la visión económica capitalista, tendrían por consecuencia que alcanzar el concepto del mercado mundial, y en este escenario los medios de comunicación tendrán que ser analizados, desde la óptica marxista claro está, por un lado historicista y sociologizante como agentes que interfieren en la configuración de ideologías, establecimiento de hegemonías, y desde una perspectiva económica: Como aceleradores de los flujos de capital, o bien como parte de todos los elementos implicados en la teoría de la plusvalía: tecnología, medios de producción y los productos finales en si.
Así los medios masivos, aparecen como en una especie de salto cuántico espistémico en un nuevo escenario mucho más complejo, el mercado mundial, en el cual deben, sin perder las tesis marxistas, ser reanalizados para entender su papel en la configuración de la sociedad capitalista, eje de las críticas del marxismo.
Ahora bien, La idea de mercado mundial esta presente en la génesis de marxismo, según apuntó con precisión Enrique Dussel en su análisis de sus principales tesis en el centenario luctuoso de su creador:
“Si Marx había pensado en su plan original en analizar estudiar seis cuestiones-de las cuales el capital en general era sólo la primera-la quinta era el comercio exterior de los Estados y la sexta el Mercado mundial”. (Dussel:36)
Para Dussel Marx, sitúa en la idea del mercado mundial uno del los espacios en donde la teoría del capital desde la óptica marxista hubiera adquirido su dimensión concreta, o más bien su concreción misma:
“Sólo habiendo abordando el Mercado mundial se hubiera podido exponer la cuestión teórica concreta, más concreta que el capital en general, pero igualmente que el Estado en general y aún que el comercio exterior de una nación o de su tratamiento en general”. (Dussel:38).
Es sabido que Marx no alcanzó a abordar este punto a profundidad, para comprender y elaborar una teoría de un alcance mayor para confrontar sus propias tesis sobre la dependencia y la explotación. Lo que si es un hecho es que los teóricos subsiguientes si lo han abordado, e integrado las tesis del “El Capital” a un contexto global.
Sin embargo esta integración se ha realizado con muchas limitaciones, que emanan de los propios condicionamientos de la teoría marxista, así los conceptos o teóricos deben ser contrastados con la realidad, ( tal es el propósito de este trabajo) para validar sus postulados y hacer un balance entre los aportes reales que el marxismo ha brindado para la comprensión de la realidad en general y del papel de los medios masivos en la construcción de dicha realidad.
Lograr ese balance implica además separar aquellas aportaciones que lejos de ser apocalípticas ofrecen adecuadas prevenciones para moderar o limitar los excesos del capitalismo, de aquellas que resultaron ser en extremo visiones de una sociedad gobernada sólo por quienes posen el control de la tecnología, y los medios de producción, expresiones tangibles del capital.
Explotación y dependencia: Papel de los medios
Para realizar esa llamémosle: “Disolución positiva” es necesario analizar, en el contexto de la global, la visión del marxismo sobre las naciones, la dependencia, la explotación y los medios de comunicación.
Para comprender estos temas debemos establecer que en la realidad en la que interactuamos, el mercado mundial y la apertura comercial son nuestras realidades donde debemos situar de forma concreta las cuestiones teóricas abstractas del ciclo de capital y la dependencia que plantea el marxismo.
Las tesis básicas del marxismo plantean que a mayor velocidad de recuperación del capital, mayor capacidad de incrementar la transformación del dinero en plusvalor, que genere mayor concentración del control de los medios de producción. Es decir si el capital transformado en productos, se convierte con rapidez en dinero, este dinero se reconvierte con mayor velocidad en nuevo capital, que generará a su vez más productos. En las fases intermedias del proceso es decir, entre la etapa de la transformación de capital en productos se generan: Plusvalía, que es el valor añadido por los trabajadores a los productos, que es en la visión marxista, enajenado por los capitalistas, y más capital pasivo en las formas de tecnología y materias primas, léase: medios de producción.
La cuestión desde una visión global, parece resumirse en las preguntas: ¿Quién posee dichos medios de producción?, ¿Quién acumula ese plusvalor? Y sobre todo: ¿Qué consecuencias trae para la relación entre las naciones?.
Los teóricos marxistas, como Mauro Marini, Gandasegui, entre otros, concibe que las naciones centrales, son las que conservan esa posesión y control de los medios, con una consecuente acumulación de plusvalor, (transformado en nuevo capital) y de ganancias, que es como lo apunto Marx: La forma en que los capitalistas disfrazan la plusvalía, ya que esta está incluida en el precio de la mercancía, de hecho la ecuación para explicar esta realidad es muy clara:
Costo de producción (cp) más el plus valor(p), es igual al valor de la mercancía(vM).
Entonces bajo esa premisa económica, cabe preguntar: ¿Cuándo se produce una excesiva acumulación de capital?, la respuesta es sencilla cuando el precio de la mercancía (pv) es mayor a su valor (vM):
“Si un capital (nacional en este caso) trabaja con una productividad superior a la media social ( internacional en este caso) produce sus mercancías a un valor inferior (vM) y lo vende a un precio superior (pv), realiza así una ganancia extraordinaria”. (Marx : III 65)
Las implicaciones en la realidad parecen evidentes, las naciones que han logrado no sólo acelerar el ciclo del capital, sino que además lo hacen con ganancias extraordinarias son las naciones desarrolladas, también llamadas centrales. Para gran parte de los marxistas: aquellas que iniciaron la revolución industrial., aunque el mismo Marx advirtió:
“Siempre y cuando la nación más productiva no se vea forzada por la competencia a reducir a su valor (vM), el precio de venta” (pv). (Marx: II 85).
En la realidad, pasando del ámbito abstracto al concreto, esto no impacta a la acumulación de ganancias extraordinarias, ya que en la mayoría de las naciones industrializadas, las presiones de disminución de precios por la competencia se han compensando por disminuciones de los costos de producción (cp) lo que mantiene la relación Vm y Vp constante.
Por otra parte, y he aquí el planteamiento central para comprender el enfoque, las naciones menos desarrolladas, por lo general venden por debajo del valor de la mercancía (Vm) transfiriendo parte de su plusvalía (p) a las naciones más desarrollas, que generalmente compran sus productos.
Esta realidad la podemos confirmar en países como el Brasil,( caso documentado de forma excepcional por el Instituto Shiller en los ochentas) que se vio obligado por las presiones de su enorme deuda externa a vender sus productos a bajos precios de venta, lo que en comercio exterior se conoce como “pérdida relativa en términos de intercambio”, y en bajo el crisol marxista podría definirse como: “pérdida relativa en términos de plusvalor”. Brasil así acumuló sólo en diez años pérdidas por más de 200,000 millones de dólares, una cantidad incluso superior a su deuda externa. Lo que lo llevó a la moratoria, e incluso a que organismos internacionales exigieran la cancelación de su emprésito exterior, asumiendo que ya se había pagado “de facto” con esa sesión de valor al exterior, que había minado las condiciones de vida del país.
A estas naciones se le ubica dentro del marxismo como “naciones periféricas” a los que Marx llamo eufemísticamente como “países con menos facilidades” (Marx: III 237).
Después de lo expuesto podemos concluir que la visión teórica marxista apunto hacia un mundo de dependencia y explotación, configurado por naciones centrales que aumentan su plusvalor y acumulación de capital, y naciones periféricas que ceden constantemente su plusvalor, perdiendo la posibilidad de tener recuperación de capital transformable en medios de producción que les permitiera romper este ciclo de dependencia.
Si esta suposición teórico-abstracta se realiza en la realidad sin desviaciones, el mundo globalizado, estaría en pocos años dominado por naciones centrales y hegemónicas, que concentrarían el capital y los medios de producción en grandes corporaciones dominadoras de los países menos industrializados estableciendo ya no un ciclo, sino un patrón de dependencia casi indestructible.
Sin embargo esa visión, que si bien contiene elementos de gran validez para la comprensión de los fenómenos de la explotación y la desigualdad en el mundo global, en gran medida una visión extrema que parte de una visión lineal de la generación de plusvalía y acumulación de capital, y que no consideró el impacto de las transformaciones tecnológicas y políticas del mundo que estaban por ocurrir -especialmente en las áreas de la comunicación y la información que analizaremos más adelante-y que vendrían a desarticular los postulados dogmatizantes del marxismo.
Los medios y los poderes centrales
Después del recorrido que hemos planteado es fundamental comprender desde la perspectiva del marxismo, el papel de los medios masivos de comunicación en esa relación de poderes centrales y periféricos, en el mercado mundial.
Para una parte importante de los marxistas, especialmente para aquellos que teorizaron lejos de la realidad global, los medios de comunicación tienen un papel meramente catalizador de la acumulación de capital, a través de la aceleración del ciclo de la producción:
“Los medios de comunicación tienen la tarea inmediata de imprimir velocidad al proceso de producción, es decir acortar el tiempo que separa la producción del bien y su consumo”. (Gandásegui: 38)
Y por ende acortar el tiempo en que el dinero vuelve a convertirse en capital, reconvirtiendo la plusvalía en mayor posesión de los medios de producción.
Esta visión limita a los medios de comunicación y a la comunicación misma a un papel más simbólico que real en el proceso de generación de valor:
“A diferencia del proceso de producción, la comunicación no produce nuevos valores, su costo es absorbido por el producto”. (Gandásegui: 38)
Es decir, la comunicación es sólo una parte más de (cp) nunca del plusvalor (p) por lo tanto no es susceptible de generar acumulación de valor en si misma, que a su vez genere ganancias generadas por precios de venta.
Si reflexionamos un poco pasando del marco abstracto al real, nos damos cuenta casi de inmediato de lo limitado del enfoque, en realidad los medios de comunicación y la comunicación misma, no son sólo insumos del proceso de producción y el consumo de productos:
“La comunicación tiene un papel importante que jugar en el proceso de la producción. Este proceso puede dividirse en dos esferas: el primero, la producción de la mercancía propiamente tal; segundo el consumo de la misma”. (Gandásegui: 38)
Sino son también productos en si, que generan plusvalor, y por lo tanto son generadores potenciales de “ganancias extraordinarias”.
Para validar esta afirmación basta mencionar algunos productos de la comunicación presentes en dicho proceso: Sistemas de comunicación organizacional, vídeos organizacionales, materiales promocionales y de venta, ( mencionamos estos productos del ámbito organizacional por que en los enfoque marxistas se les considera como simples costos de los productos, con una noción muy limitada sobre lo que es un bien o satisfactor que también puede ser un servicio, generado por otra compañía u organización en un proceso de producción independiente ). Y claro que son productos también los programas de Radio y TV, que no sólo sirven para anunciar productos para que sean consumidos, sino que también valen en si mismos, y por eso cobran regalías y derechos, O un periódico que más allá de que sirva como vehículo de la publicidad, tiene suscriptores y un precio de venta al público, (pv), relacionado, en algún grado, con su valor como mercancía (Vm).
Establecido este principio, y siguiendo dentro de los postulados del marxismos, debemos entonces considerar que los medios de comunicación juegan un papel determinante no sólo en la aceleración del ciclo del capital, sino en la configuración de poderes centrales. Y más aún ellos mismos se constituyen como tales.
Esta dimensión de los medios como poderes centrales, debe ser valorada para entender su dinámica en el mundo globalizado, y más aún para interpretar correctamente su papel.
Configurados así los medios, y las empresas de comunicación, al igual que las corporaciones tradicionales, y constituidos ellos mismos como tales, son al igual que los países poderes centrales que acumulan cada vez mayor capital a través del plusvalor, y a su vez tienden a estar en las “naciones centrales”, aunque- pasando de nuevo de lo abstracto a lo concreto- esta no es una condición absoluta, baste mencionar el caso de Televisa, una corporación situada en una nación desde la óptica Marxista periférica, pero que se constituye como un poder central debido a su capacidad para acumular capital además de control de los medios de producción.
Así el poder central de los medios y de las corporaciones de comunicación, más que en las naciones, es decir más que en una configuración geográfica se establece en un espacio socio-económico, cuyos emblemas son las figuras monopólicas y oligopólicas, y en este sentido la realidad no se aleja mucho de las abstracciones teóricas, basta mencionar que en los últimos 10 años se ha vivido una fusión acelerada de los grandes consorcios de la comunicación mundial, hoy en día prácticamente 3 grupos dominan el escenario publicitario del mundo, y existen unas 5 consorcios de medios que hacen lo propio.
Esta reconformación de la corporaciones de la comunicación no ha estado exenta de un proceso complejo que ha generado conflictos de identidad respecto a los países y regiones, tal y como lo ha señalado Armand Mattelart:
“Las empresas de la comunicación se encuentran entre las que más acusan una relación conflictiva entre lo local, lo nacional y lo transnacional. Este tipo de sociedades se han de desenvolver en el ámbito muy sensible de las identidades específicas y tratan de esquivarlas, o bien de adaptarse a las mismas, aprendiendo rápidamente a actuar como buenos adeptos del darwinismo”. (Mattelart : 68)
Y la alusión del Darwinismo nos sugiere claramente que en las empresas de comunicación se esta estableciendo una ley de selección natural a través del más fuerte, imponiéndose el poder de los recursos frente al talento y la creatividad.
En este nuevo espacio socio-económico, y ya geográfico, además globalizado, más que de naciones centrales y periféricas, tendríamos que hablar de las empresas centrales y las periféricas que reproducen como bien lo apunto Marx, las mismas condiciones de dependencia en función del ciclo del capital al afirmar que lo que ocurre con los capitales invertidos en el comercio exterior, es exactamente lo mismo para los capitalistas individuales como para las naciones”. (Marx : II 755)
Qué tanto esa centralización de los medios está produciendo una agenda mundial producto de intereses hegemónicos, es un tema complejo, y muy difícil de responder sin investigación de campo que valide o no, cualquier hipótesis. Lo que si podemos analizar, más bien plantear hipotéticamente, es si esta tendencia de centralización en realidad va a condenar al escenario mediático mundial en general y a las naciones, más bien a las empresas de comunicación periféricas a la dependencia, o peor aún a la extinción.
Y para responder a esta interrogante tenemos dos elementos clave El papel del Estado como regulador y la tecnología, para los fines y alcances del presente trabajo nos centraremos en tratar, dadas sus implicaciones en los medios masivos, y en la evolución de la comunicación misma, el segundo aspecto, no sin antes hacer comentar que el sobre el primero debería jugar un papel determinante como agente clave en los procesos de equilibrio global y descentralización del poder, pero que desgraciadamente no siempre es así: Nuestro país es un ejemplo de cómo la comunicación masiva se ha monopolizado o bien oligopolizado en unos cuantos grupos, dos empresas posen prácticamente el 90% de las concesiones para usufructuar las frecuencias televisivas, y en unas ocho familias se concentra todo el resto de las concesiones del espacio de transmisión nacional. Además las concesiones se otorgan de forma casi vitalicia sin ninguna revisión o parámetro que permita evaluar si el poseedor deba seguir en su dominio.
Esta situación que ha llevado a los diputados a promover una reforma de ley que abriría las puertas a un sinnúmero de empresas y particulares a la participación en la televisión y la radio mexicanas, no es nueva, ya en el año de 1984 el entonces rector de la Universidad Autónoma de Puebla, (UAP) Alfonso Vélez Pliego señalaba en el primer apartado de un desplegado que definía la política de la UAP en materia de comunicación, la importancia de:
“ 1. Destruir el monopolio informativo que, sobre todo, ha formado la televisión comercial. Para ello es decisiva la reglamentación del Artículo 6to. Constitucional”.
Desgraciadamente las iniciativas del pasado y del presente no han prosperado, la razón parece ubicarse en la sumisión del gobierno mexicano, más bien de los políticos y funcionarios nacionales, al poder de los medios masivos, quienes les construyen o destruyen una imagen y una reputación. Esta realidad nos lleva a darle la razón a Armand Mattelart que recientemente declaró a la prensa internacional, que los medios ya pasaron de ser el cuarto poder, ( o quinto después de la iglesia ) a ser el primero, ya que en ellos se define la agenda de los países, se legisla, y hasta se juzga. ( El financiero Jueves 12 de Mayo sección cultural )
Esta sobreinstitucionalización de los medios no es más que un reflejo de cómo estos se han convertido- o se están convirtiendo- en realidad en los poderes centrales hegemónicos del mundo, con consecuencia nada deseables para la humanidad, con ese poder y siendo los vehículos para la promoción de los intereses comerciales de las grandes industrias y corporaciones del capital, pueden en el futuro ser ellos lo que construyan la realidad, más allá de la realidad misma, así si lo deciden sus intereses o los de sus anunciantes, podrán provocar con el manejo discrecional o deformado de la información lo mismo caídas en las bolsas, que conflictos militares.
¿Se vislumbra alguna alternativa ante ese escenario?. Afortunadamente si, una, que los ciudadanos no lo permitamos, la otra, que no lo hagan los legisladores, y en último caso, la esperanza centrada en una descentralización del poder a través de la descentralización de la tecnología que analizaremos a continuación de lleno con la esperanza que al analizar los aspectos tecnológicos en la comunicación ( que significan la posibilidad de hacer una crítica sobre el Marxismo, la en si misma corriente crítica de la comunicación) de que en esta especie de negación de la negación salga una visión positiva, además de esperanzadora para el futuro.
2.3. La liberación tecnológica
Hemos revisado que el papel del Estado puede ser determinante para romper con esta especie de “profecía del capital” elaborada desde el Marxismo que condenaba a la dependencia, pero también debemos reconocer que no podemos asegurar tampoco que el papel de este vaya a ser un garante para garantizar el equilibrio global, y por ende la justicia social, eso equivaldría a construir una antítesis a la inversa, que derivaría en un sinsentido. Como hemos visto el caso de México es un buen ejemplo de ello, a pesar de las iniciativas legales, al parecer nada garantiza que el Estado pueda sobreponer los intereses económicos de las mayorías a la de los grupos económicos de poder minoritarios. (Esa realidad, la de pérdida de peso del poder de los gobiernos frente a los intereses de las corporaciones es uno de los grandes asuntos del futuro si aspiramos a construir verdaderas democracia, y no “corporocracias” disfrazadas de voluntad popular). Pero más allá de los gobiernos la sociedad del futuro parece ofrecer una alternativa que puede operar a favor de la construcción de un equilibro social, auténticamente democrático: La tecnología.
Esta, que pareciera ser una gran paradoja, ya que la tecnología se ha concebido como un medio de explotación y control, que favorece a los centros de poder, lo es cada vez menos, en virtud de la evolución tecnológica del mundo, especialmente en el terreno de la comunicación y la información.
Tecnología y Marxismo
Para poder exponer ese planteamiento de la anti-paradoja tecnológica es necesario primero revisar brevemente algunos de los postulados marxistas sobre la tecnología y el papel de estas en la distribución del poder global.
Para los marxistas la tecnología es una de las expresiones, o estados, transubstanciales que asume el capital en su ciclo, y que además es clave para entender su acumulación central. En realidad para Marx este era un proceso circular (Kreislaufsprozess) del capital, en el que este apunta Dussel:
“….se niega a si mismo fijándose en tecnología,…siendo el capital la potencia civilizadora que lanza a más y mejores inventos tecnológicos. (Dussel:32)
Para Marx, en un análisis no exento de cierta metafísica originaria de la filosofía materialista, el capital-dinero, cual materia al negarse así mismo se transforma en capital-máquina, y que niega todos los momentos no productivos, pues incluso cuando no trabaja, es “capital dormido” o latente, que de quedarse en esta fase equivaldría a su aniquilación de ahí la importancia de mantenerlo activo, es decir generando productos transformables en más capital-dinero.
Esta transformación de capital en tecnología ya lleva implícito una plusvalía, es decir el capital-dinero transformado en capital máquina, adquiere un valor extra, que es clave para entender el proceso de centralización del poder económico a través de la posesión de la tecnología. Tal y como se puede expresar en la siguiente ecuación:
D=MP/T=P=M=D…..=MP/T
Donde D (dinero) se transforma en MP/T (medios de producción tecnológicos, léase máquinas) que generan P( Plusvalía) que se transforma en M (mercancía) que a su vez se transforma nuevamente en D (dinero) para producir más MP/T, y por ende más plusvalía.
No hay que ser experto en lógica matemática para derivar la conclusión de que la acumulación de capital implica según este modelo la acumulación de tecnología.
Así podemos situar dos momentos de la plusvalía, el que se da en el valor en si por la diferencia entre el valor del dinero y el valor latente de la tecnología, y el que ya se comentó entre el costo de producción (cp) y el valor de la mercancía (vM). Estas dos plusvalías son susceptibles de ser acumuladas y centralizadas en los núcleos o centros de poder económico y político. La tecnología pasa a ser una nueva determinación del capital, una nueva forma fenoménica de sus apariciones, un capital fijo. ( Dussel:34)
Esta visión concuerda con lo expuesto sobre la acumulación central de las ganancias, con una acumulación central de la tecnología, es decir se concibe una visión lineal, donde las poderes centrales estarían acumulando más y más tecnología, y los periféricos más y más dependencia tecnológica.
Este auge de la tecnología centralizada ha sido una de las características de la construcción de la sociedad moderna a partir del siglo XIX, y es muy importante su comprensión, y análisis, hoy el como lo ha señalado Bruno Ollivier, el discurso de la tecnología es el discurso del progreso, aún cuando la evolución de la tecnología no se haya llevado a la par con la evolución de la educación y la cultura. ( Ollivier: 9 )
Pero al igual que el marxismo fue extremadamente determinista en la concepción de la concentración del poder económico lo es en su visión del poder tecnológico, el presuponer que la acumulación de tecnología siempre estará en los centros de poder, y que el acceso a la tecnología. Si lo pudiéramos ejemplificar en la ecuación que planteamos, pudiéramos decir que si los centros de poder siempre están a la izquierda de esta, el ciclo del capital y de la tecnología siempre regresa a su, valga la metáfora, siniestro punto de partida, y a la derecha de la ecuación, donde se encuentran los poderes periféricos, nunca se generará tecnología que invierta este proceso.
El papel de la tecnología de la comunicación
Esta visión condiciona una vez más el papel de los medios de comunicación a no ser tecnología que genera plusvalor y mercancía y ser sólo tecnología que sirve para la aceleración del proceso de acumulación de tecnología productiva o de capital-máquina:
Así la clave del modelo que plantea que los poderes centrales buscan tecnológicamente hablando la reducción del tiempo que transcurre en la ecuación entre D y D, requiere para lograrlo de medios de comunicaciones que ahorren el tiempo de distribución y consumo de los productos, como de medios comunicación que incentiven la demanda de los mismos.
La visión limitada, no concibe a los medios masivos de comunicación como tecnología que genera plusvalor, al igual que no la considera productos o mercancías en si mismos. Lo cual es un error, los medios de comunicación son, al utilizar maquinas para generar productos, capital-máquina, susceptible de generar concentración tecnológica. Y como ya se expuso esta concentración de la tecnología de la comunicación es una realidad que se da con mayor o menor grado en diversos sectores y corporaciones, y más en el espacio socioeconómico o neoeconómico que en el geopolítico.
La pregunta fundamental es, si es que tenemos sentido crítico para mirar el futuro: ¿Seguirá siendo así?, hay indicios que nacen de los propios avances tecnológicos especialmente en el terreno de la multimedia, y de las llamadas TIC ( tecnologías de la información y la comunicación ) que esto no será así.
La contra corriente de la plusvalía: Marx no tenía internet
Es claro que Karl Marx, no tenía Internet, ni siquiera con visión verniana, lo imagino, de Engels, a pesar de ser tan o más brillante en muchas de sus tesis, ni hablemos….mucho menos imagino la banda ancha, los teléfonos celulares, la televisión de alta resolución, la era digital pues. Y no se trata de hacer una apología a estos avances como si en si mismos ofrecieran la posibilidad de una reivindicación o el acceso a una nueva era de bienestar para la humanidad. No, no es así, lo que si es un hecho es que, y he aquí la gran paradoja, aunque concebidos y diseñados desde los poderes centrales, cada vez ofrecen una mayor posibilidad para romper, al menos en el terreno de la comunicación, la concentración de dicho, poder, expresado en la capacidad de crear productos y hegemonía ideológica.
Y hay dos avances que están abriendo una posibilidad inédita para reconfigurar el orden de los poderes centrales de la comunicación reivindicando la participación de los que podríamos llamar: minorías comunicacionales periféricas, o marginales, que cada vez tendrán una mayor participación en el escenario mundial.
Para, una vez más pasar del terreno de lo abstracto a lo concreto, podemos ejemplificar esta realidad con una serie de acontecimientos que ya han ocurrido o bien ocurren frente a nuestra, muchas veces asombrada, mirada:
1. Hemos atestiguado como ahora se puede producir un largometraje con una cámara digital y un ordenador para su posproducción, lo que ha incrementado las posibilidades para crear industrias y productores de cine independientes y periféricos, que si bien todavía no logran abrirse paso en una distribución centralizada, si logran cada vez tener mayor presencia global.
2. Podemos acceder, más allá de las concesiones que otorguen los Estados conforme a los intereses económicos dominantes, a una gran cantidad de estaciones de radio independientes y alternativas por la red. Lo que abre un espacio a la pluralidad y la participación.
3. En un futuro, y con el avance de la banda ancha este mismo fenómeno se aplicará a la televisión, que en cierta medida sintetizará esos dos grandes avances expuestos en los puntos 1 y 2, ya que podrán, independientemente de las concesiones, al fin otorgadas para usar el “espacio” no el “ciberespacio”, surgir una gran cantidad de productores independientes de TV que suban sus productos a Internet abriendo nuevas y múltiples opciones.
4. Si frente a las anteriores opciones pensamos que la limitación es que Internet es sólo para una minoría de la población, y eso es cierto, se vislumbra para el futuro la televisión computarizada, que permitirá a un sinnúmero de habitantes contar con Internet y disco duro en su propio aparato receptor, lo que completará el circulo de integración multimedia a favor de los usuarios. Y si bien es cierto que este proceso puede demorar todavía 50 años, por lo menos, la tendencia tecnológica apunta hacia ese destino.
5. Además se debe considerar el auge de la telefonía celular y la perspectiva de su integración a la tecnología multimedia, desde este aparato en el futuro se podrá tener acceso a distancia a ordenadores, y televisores-ordenadores, lo que facilitará el envío de imágenes, audio y demás elementos que intervienen en los procesos de producción facilitando la realización independiente.
Estos ejemplos, que abren una frontera para la construcción de una red de generación de productos de comunicación periférica, constituye también la posibilidad de reinvertir el ciclo de la acumulación del capita-máquina, al desconcentrar, al menos en algún porcentaje, el retorno del capital maximizado por las ganancias a los centros hegemónicos de poder.
Así el plusvalor dejaría de estar sólo a la izquierda de la ecuación para comenzar a moverse en sentido opuesto, lo que crearía un movimiento de “dos circulaciones” o dos vías, que aunque tuviera mayor flujo hacia una dirección, mantendría un mayor equilibrio global, que forzosamente se traduciría en mayor participación de las minorías, pluralidad, fortalecimiento de las democracias y de los intereses sociales frente a los puramente económicos.
Empero, para no construir una “meta utopía” en un proceso dialéctico, al criticar las posturas totalizantes del marxismo, debemos comentar que transitar a esa nueva configuración de la posesión de los medios de producción de la comunicación, requerirá además de la capacidad para realizar productos independientes de los ejes hegemónicos y los centros de poder, de la capacidad para comercializarlos, es decir, que sirvan de agentes de promoción y difusión que brinden posibilidades alternativas a su vez, para la empresas periféricas, especialmente las denominadas Pymes, (pequeñas y medianas empresas, denominación que incluye a las micro empresas ). Así se podría aspirar en futuro que puede representar la gran cruzada o guerrilla de la comunicación del siglo XXI, a la construcción de una sociedad periférica global que se constituya como un contrapeso y freno definitivo a los excesos del capital concentrado, especialmente en las grandes corporaciones multinacionales.
Asumiendo un segundo momento o principio de realidad en la viabilización de esa utopía, tendremos que reconocer que los Estados jugarán un papel determinante en la construcción de dicha sociedad más justa además de equilibrada, ya que sin su participación, apoyo y regulación, será muy difícil que las pequeñas empresas de la comunicación tecnológica del futuro subsistan, ya que pudieran ser asimiladas de nuevo por los centros de poder económico, en la medida que se sientan amenazados en sus intereses. Aquí la política estatal en materia cultural y de comunicaciones de los gobiernos será determinante, esta deberá considerar las formas de subsidio moderado para proteger a las Pymes tecnológicas del futuro, especialmente a las de comunicación que habrán de constituirse, por el valor de esta en la acumulación y transmisión de conocimiento, cultura e información, en un patrimonio más de los países y la sociedad.
Eduardo Azuri
Homero Bibiano

Depeche Röd dijo
Interesante.
4 Octubre 2007 | 04:05 AM