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La Coctelera

Apocaelípticos y desintegrados

¿Alguien tiene idea hacia dónde nos dirigimos? Reflexiones y antelaciones del futuro

22 Julio 2005

Le faltan muelles a la Web o navegante no hay camino…

Internet llegó para modificar nuestros patrones de percepción y manejo de información, así como para extrapolar o exogenar aquellos que subyacen en nuestros mecanismos mentales; en concreto: el pensamiento. No es exagerado comentar que, al ver una página Web, un sitio en la red, sin darnos cuenta, estemos contemplando una representación holística u holográfica de nuestro campo semántico mental. Contemplamos nuestra propia forma de pensar, simbolizar y abstraer.

Sí, el pensamiento es como una página Web: utiliza símbolos que refieren a diferentes connotaciones y denotaciones; no es lineal, se mueve en direcciones impredecibles, según busque conexiones o caiga en ellas accidentalmente —como cuando una palabra, aroma, sonido o símbolo nos mueve de una idea a otra, o nos remite a una experiencia: La última charla con la pareja, por ejemplo—, y sobre todo, renombra y abstrae significados complejos sobre el propio individuo. El pensamiento, como la Web, crea una percepción específica de sí mismo que suele representarse en nombres-clave. Así, si decimos de nosotros: soy soñador, audaz, aventurero, loco, místico, realista, en la web nos renombramos adquiriendo una nueva identidad, que por lo general, se expresa de múltiples formas (en nuestro identificador del messenger por ejemplo), siendo esta una forma de descorporeización, de representarnos sin forma física, sólo como un concepto, un pre-diseño de algo que queremos ser.

Si comprendemos entonces que la Web es una extensión inconsciente de nuestro pensamiento en la búsqueda de una identidad, debemos repensar ésta como lenguaje complejo que sirve para representar la conciencia profunda, abstracta del individuo. Esto implica, en si mismo, todo un reto, ya que sin el conocimiento y conciencia plena de ese lenguaje, es imposible ordenarlo en términos de identificación con los usuarios de la red, como ha señalado Javier Echevarría: "El ciberespacio existe según la conciencia que tenemos de el: La implicación del diseño en los problemas de comunicación de estos sistemas debe estar presente en todas las fases de planificación de cualquier proyecto para Internet".

Así, al visualizar la Web como un problema de diseño para conseguir la identidad con el usuario, debemos concebir a la red no sólo como una tecnología, sino como un lenguaje que coexiste con otros en nuestro entorno social, y entender, como Javier Echeverría, que “tanto el espacio, como el ciberespacio son construcciones culturales y lingüísticas del ser humano”. Quizá, esta falta de apreciación de las Web como un lenguaje que representa una extensión del pensamiento, es lo que ha generado la pobreza e ineficacia del diseño de tantos sitios y páginas de la Internet.

¿ Cómo diseñar la identidad Web?

El diseño de una página Web debe, entonces, considerar el dominio del lenguaje que le es propio. Ese lenguaje se expresa en dos niveles: Lo visual y lo funcional. El primero debe representar un universo estético y dinámico acorde a las referencias culturales del individuo: una página plana, sin movimiento, por lo general, alejará al 90% de los usuarios al ver una incongruencia de ese mundo con el suyo, más dinámico y configurado en otra estética. Por otra parte, lo funcional, tendrá que ver con las herramientas, conexiones y experiencias que ponemos a disposición del usuario. Si el sitio permite hacer interacciones, encontrar información, entretener y propiciar retroalimentación, el emisor-soporte de la página, el usuario, creará vínculos que se traducen en identidad.

Ahora bien, el manejo de ese lenguaje, implica el conocimiento y dominio del alfabeto, códigos de la Web que, por lo general, pertenecen a tres dimensiones: Lo visual, compuesto por el alfabeto -idioma de referencia y lo pictográfico (en ese sentido la red regresa al ser humano a su origen de representación simbólica que se representó en los jeroglíficos en gran parte de su proceso civilizador). Lo sonoro: sonidos, música, que se vuelven identificadores, conectores y componentes de mensaje. Y por último: lo secuencial, que implica imágenes en movimiento y, sobre todo, la hipertextualidad.

Comprender el concepto de hipertextualidad es esencial para dimensionar el lenguaje del Internet en toda su extensión: Cuando leemos un libro nos referimos a lo textual, es decir, a lo lineal, seguimos un texto siempre en un orden pre-establecido, leemos de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo; sólo algunas formas poéticas rompen este esquema creando un hipertexto, donde el lector es el que construye el camino a seguir de su lectura. La página Web funciona igual: El texto lo configura el lector, el hipertexto es en si la secuencia que él crea para crear su propio texto. De aquí se desprende un concepto casi axiomático: Si el diseño de la Web no permite una construcción dinámica y hasta heurística entonces el diseño es pobre, entonces es imposible, tal y como se define: Navegar. Navegante no hay camino pues….

Más allá del diseño: El contenido

Si bien es cierto que un diseño adecuado en cuanto a lo visual, lo funcional y el hipertexto conducen a la identidad, tanto de la página como de las marcas representadas en la red, ( que por cierto se democratizan, al participar como identidades simétricas, no importa su poder económico o político, una empresa pequeña y la trasnacional pueden tener una participación similar en la red ), generalmente la identidad que está produciendo Internet, es una Identidad vacía, sin sustancia y por lo tanto, en la mayoría de los casos: Trivial.

Lo anterior se debe fundamentalmente a la canalización de la información de la red, misma que proviene de una de sus principales cualidades, pero a su vez, uno de sus principales defectos: La velocidad. Todo es tan rápido y fácil en la red, que nadie se detiene a valorar, analizar y reflexionar sobre el valor y pertinencia de la información. La información de la Internet se entrecruza, se disipa, se combina, pero a tal velocidad, que perdemos la perspectiva ante el peso de las cosas, ante el entorno en que nos movemos física y culturalmente.

La paradoja del Internet reside en el hecho de que si bien el agregar más velocidad a los mensajes tiene su razón de ser en el plano funcional, tal velocidad ha reducido el contenido de los mismos, relegándolos a simples anuncios, o imágenes descontextualizadas además de trivializadas. Así, quien a marcado el tiempo de la red son las empresas y el mercado, y no el usuario que acaba modelado a imagen y semejanza de los primeros.

Y si bien es cierto que todo espacio cultural es un espacio para el consumo y para el diseño, la forma en que se diseñe y se consuma creara riqueza o pobreza cultural.

Aquí la red tiene, de cara a su agotamiento conceptual no tecnológico, un gran reto: Reconfigurarse a si misma, para crear más contenido, y repensarse como un espacio que genere menos trivialización, más riqueza, más peso, más fondo, y sobre todo más interacción conciente y constructiva de los individuos. Algunos Blogs como el excelente muelle 66, reivindican el sentido de la red, aportándole un valor cultural y lingüístico, que reclama, y merece la internet...hacen falta muchos muelles, reflexiono, para que el hipertexto deje de estar vacío.

Mientras esto no ocurra, no se cumplirá la profecía de Bill Gates que anuncia un futuro en que la red se equipare a la lectura como la segunda gran herramienta de progreso. Hoy, si bien a cambiado el mundo, todavía no ha cambiado a los hombres... los libros llevan más de un milenio haciéndolo con creces.

Zuripanto

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Definirme es difícil, pero básicamente me asumo como cuestionador del futuro. Parto de que nuestra especie es la única que tiene lóbulos frontales, y que ahí reside la capacidad de modelar hipótesis sobre el mañana, de crear tecnología y civilización. En términos operativos soy un mercadólogo en vías de convertirse en comunicólogo que en sus ratos libres le ha entrado con una pasión loca al periodismo, la poesía y el teatro. Un psicológo hace años además me detectó el "síndrome de marcopolo" que produce una compulsión obsesiva por la cultura, la aventura y el intercambio...quizá por eso emprendo este nuevo viaje en este blog, ahora sin necesidad de dejar patria y amores, o quizá por que ya los había dejado... bienvenidos los que se quieran contagiar. Eduardo Azuri

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